Aunque, lamentablemente, la tierra se ha transformado de un objeto de transacción que responde a la lógica del mercado y el capital, lo cierto es que es y será siempre un bien social natural insustituible y básico – comparable al agua para la vida - necesario para el desarrollo humano, económico y cultural de los pueblos, por lo tanto todos los ciudadanos debieran acceder a una porción de ella ocupándola y usufructuándola.
