De familia humilde, el flamante profesional finalizó la carrera de medicina en la isla centroamericana.
“Nunca lo hubiese imaginado. Ni siquiera lo llegué a soñar. Pero se dio así. Tomé la decisión en el momento correcto”.
Con voz pausada, algo teñida con el característico acento caribeño, Rubén Darío Aguilar intenta explicar cómo se gestó el proyecto de ir a Cuba a estudiar medicina, y después recibirse.
Este joven sanantoniense de 31 años de edad es uno de los cinco rionegrinos que a principio de 2004 partieron al país centroamericano con la ilusión de capacitarse en centros educativos especializados que ostentan un enorme prestigio internacional.
Los otros flamantes profesionales son Ayelén Espósito y Rodolfo Funes (también de San Antonio); Adrián Cayuqueo de Valcheta y Diana Uriz, de Sierra Colorada.
El grupo de alumnos logró una beca que otorga el gobierno cubano a través de la Casa de la Amistad Argentino Cubano. Algunos.
Sacrificio y humildad
Rubén cuenta una historia donde abundan sacrificios y buenas dosis de humildad. Concurrió a la escuela primaria 161, y la secundaria la comenzó en el CEM 38. Sin embargo ahí tuvo el primer traspié, pues la debió abandonar para dedicarse a trabajar y ayudar a su familia.
Pero no se rindió, y terminó en un nocturno. Después intentó seguir bioquímica en Bahía Blanca, pero a los seis meses debió retornar, de nuevo por problemas económicos. Entonces se inscribió en el Instituto de Formación Docente de esta localidad, donde egresó de maestro en noviembre de 2003. Mientras tanto trabajaba de vendedor de alfajores en Las Grutas, y un día charlando con la dueña del comercio, Alicia Losano, le comentó que su anhelo era ser médico.
“Fue un comentario que quedó así, no podía ni pensarlo por mis condiciones económicas de ese momento”, recuerda Rubén.
Pero la misma patrona lo contactó con la Casa de la Amistad, y tras los trámites de rigor alcanzó la beca.
Después el viaje, la llegada a la isla, ubicar el lugar donde vivir y comenzar las clases.
“Cambió completamente mi vida”, asegura.
Los dos primeros años los cincos rionegrinos los cursaron en la Escuela Latinoamericana de Medicina. Allí mismo vivían, en un asentamiento universitario donde concurrían cerca de 5 mil estudiantes de 32 países.
Los cuatro años siguientes los continuaron en la escuela de Santa Clara, una ciudad conocida pues allí están los restos del Che Guevara.
El médico ahora quiere retomar los estudios para obtener una especialización. Aún no se definió, pero está entre cirugía y pediatría. De cualquier manera su otro sueño es ejercer la profesión en San Antonio, donde están sus seres queridos, que desbordan de orgullo.
Fuente: Noticias.net

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